viernes, 31 de julio de 2020

Las segundas partes nunca fueron buenas

Llega el día en que tengo que volver a la consulta de neumología. Las pruebas me las habían hecho en 5 minutos y listo, sin decir nada y esta vez el chico, no puso ninguna cara para ver si podía sacar algo de ahí.

Abro la puerta de la consulta con miedo, sin saber con quien me voy a encontrar, y allí sentado veo a Luis con sus gafas de pasta de color negro. 

Me siento y me explica que hay tejido cicatricial en ambos pulmones, pero que no sabe de que puede ser. Además de que la proteína C reactiva la tengo por las nubes, además de las enzimas del hígado las tengo muy alteradas. Me pide cita con el digestivo para que lo vean ellos.

-¿Qué es la proteína C reactiva? -pregunto desde mi ignorancia médica. No hago caso a las proteínas del hígado, ya me salieron hace unos años y me dijeron que eran por el sobrepeso que tenía.

-Es un medidor sobre inflamación, infección...

Se hace el silencio, pero se sube las gafas y me dice que esté tranquilo. Me va a mandar unas pruebas sobre la capacidad pulmonar y quiere hacerme una biopsia del tejido para poder saber fehacientemente que es. 

A los 3 días me llaman y que puedo hacerme el viernes la prueba, que ha habido una baja. Les respondo que si, que sin dudarlo. ¡Que suerte!

El día de la prueba estoy nervioso, mucho. Sigo pensando que lo de los pulmones pueden ser tumores pero es un comentario que me guardo para mi, no quiero que mi familia se preocupe más de lo que ya estaba.

Me siento en una sala de espera, que es de oncología. Mi madre y mi marido están cada uno a uno de mis lados. Veo a gente que lleva varias sesiones, otros que hoy eran sus primeras y no sé por qué, pero empiezo a llorar un poco. Antes de que empezase a ser una fuente me llama una enfermera.

Le comenta a mis familiares que tienen que esperar en la sala de espera a que les avisen.

La enfermera me acompaña hasta la sala donde me van a realizar la endoscopia pulmonar. Me explica como va a ser todo el proceso y que me va a pinchar una anestesia local en la zona de la nuez, pero que no debo toser. 

Me la hacen sin mayor problema, un poco forzada, porque no entraba por la nariz pero la médica hizo que entrara.

Me dicen que los resultados me los darán en la cita con el neumólogo. 

Llega la cita con el neumólogo y al abrir la puerta allí está, ¡Luis! Una cara conocida en este camino.

Me explica que no tengo cáncer, que no son tumores. Me quito un peso de la espalda y sonrío con alegría. Tengo sarcoidosis en estadio II. Me explica que es la enfermedad, pautas a seguir y que al tenerla asintomática no me manda medicación. En 6 meses repiten analítica de sangre y orina

Pasan los meses y la verdad es que me encuentro bien y la verdad es que no siento nada en especial, solo que cuando me pongo muy nervioso o tengo mucha ansiedad me duele el pecho y me cuesta respirar, pero hago ejercicios de respiración y poco a poco vuelvo a estar normal.

Pasan los meses sin pena ni gloria y me hago la analítica de sangre y orina otra vez y llega el día que tengo que ir al digestivo. La verdad es que no recuerdo al primer médico no sé si fue el Doctor Ríos o fue otro, lo siento. 

Le explico todo desde el principio, ya no hago resumen, sintetizo y dejo sin decir los antecedentes: 

-Tengo sarcoidosis pulmonar en estadio II y el neumólogo me ha pedido cita contigo por los valores altos. 

Tenemos una charla normal entre médico/paciente y me comenta que quiere hacerme una ecografía y luego una biopsia de hígado para ver porque están esos valores tan altos, aunque primero quiere mandarme una repetición de la analítica de sangre por si bajan los niveles, aunque me deja pedida la biopsia del hígado.

Me repiten la analítica y veo el médico en tiempo récord. Todo es exactamente igual, los niveles del hígado están muy altos. Ya estamos en el 2019 y no tengo tratamiento, aunque tengo que admitir que no tengo ningún síntoma de nada.

Me hacen una ecografía del hígado y a los 3 meses tengo cita con el digestivo. Llega la hora de la cita, abro la puerta y me encuentro a un desconocido, que ni si quiera se presenta. Me siento en la silla y me dice que hay algo en el hígado y que quiere hacerme una biopsia. Le comento, que ya, que pensaba que hoy me darían la hora de la biopsia, porque el Dr. Ríos ya me dijo que me la iban a hacer.

Mira su pantalla de ordenador y luego me mira a mi. 

-Pues ya te llamaran. 

Me abre la puerta para que salga.

A finales de 2019 me hacen la biopsia del hígado. Muy profesionales al hacerla, no siento nada y me ponen un gotero con suero y paracetamol por si hay dolor. 

Paso la noche en el hospital y el dolor del pinchazo ni existe, solo una pequeña marca. 

Nos metemos en en febrero de 2020. Cita con digestivo. Voy asustado pero tranquilo, he leído que la sarcoidosis puede afectar a otros órganos pero no tengo ningún síntoma, solo lo del pecho cuando estoy nervioso o hago mucho ejercicio.

Entro en la consulta y ahí está el Dr. Ríos, menos mal que vuelvo a tener una cara conocida. Me siento en la silla y agarro fuerte la mano de mi marido, al igual que todas las veces que he ido a consulta con él. 

-Buenas Daniel, tengo buenas y malas noticias.

Siento que mi marido me aprieta más la mano.

-La buena es que no es cáncer de hígado, la mala es que es sarcoidosis.

Ya me esperaba ese diagnóstico, así que no me pilló de nuevas. Me dice que él, personalmente, nunca ha tratado una sarcoidosis en el hígado y que prefiere que me lleva otro hospital, donde puedan llevarme un control más exhaustivo, pero que no me preocupe, que sino me trataran en ese hospital, aún así va a pedirme una ecografía de corazón y una gastroscopia digestiva para ver el estómago como lo tengo.

Me parece muy profesional admitir estas cosas.

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