viernes, 31 de julio de 2020

Primeras citas con el hospital

Continuamos con el periplo de diagnóstico de la sarcoidosis.

Me llega la carta como para un médico internista del hospital en que fui tres veces a urgencias para enero de 2018. Unos meses después me presento en el hospital, sale mi numero y voy a la consulta que me dicen.

Llamo a la puerta y un médico con una gran sonrisa me dice que pase y me siente. Se presenta como "Pedro", por supuesto este no es su nombre, pero para la historia tampoco importa mucho. Le cuento la historia de todo lo que me ha pasado y el asiente sin borrar la sonrisa. Al terminar se hace un silencio y me cuenta que él no puede hacer nada, porque no tengo ninguna prueba, así que me deriva al neumología. Me dice que seguirá mi caso muy de cerca y nos despedimos con un apretón de manos. Nunca más volví a verle ni a saber de él. 

Para marzo de 2018 tengo la cita en neumología. Me sale mi número, voy a la consulta y me siento. Y ya la primera pregunta no me gusta

-¿Qué te pasa Daniel?

¿CÓMO? En teoría me ha derivado a usted otro médico y que menos que le diga todo lo que le dije. En fin, volvemos a la repetición (cosa que haré durante mucho tiempo, a muchos médicos). Le cuento todo, desde la mancha a las parótidas. Se queda mirándome y me dice:

-No te veo las parótidas hinchadas. 

Mi cara, un poema, la suya, como si le estuviera haciendo perder el tiempo. Le enseño unas fotos de un bautizo de unos amigos donde tengo la cara como un globo de feria.

-Yo no veo que ahí las tengas hinchadas. 

Empiezan a caer los ánimos, a hacerme sentir como un mentiroso, y por ahí si que no paso.

-Pues te digo yo que las tenía hinchadas.

No le digo más, se gira en el ordenador y me manda una ecografía de las parótidas.

Una chica, la mar de maja, me hace la ecografía. Esta sonriendo hasta que se pone seria y llama, a lo que después supe, jefe de turno de ecógrafos.

Pregunto si está todo bien. El jefe me sonríe y me dice que no me preocupe, que está todo bien. La cara de la chica un poema. No volvió a sonreír.

Al volver al trabajo, me gano el óscar a mejor actor revelación. Todo el mundo me pregunta y yo con la mejor de las sonrisas, les digo que todo genial, que perfecto.

Al subir al coche para irme rompo a llorar esperando lo peor.

Llega el día de la cita de neumología. Me espero que esté el primer neumólogo pero por suerte hay otro. Al primero no lo vuelvo a ver. Los médicos van desapareciendo...

A este médico le llamaré "Luis". Nos saludamos y paso al modo repetición. Después mira la pantalla y me comenta que tengo "cierto tejido cicatricial" en las parótidas y que quiere ver si hay algún "tejido cicatricial" más. Me manda unos rayos X de torax y una analítica de sangre y orina y se termina la consulta.

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